“Prontamente, nos acostumbramos a querer, y queremos como quien corre una carrera, no se sabe contra qué o quién, y creemos conocer la meta, y nos espanta, y nos conmueve. Y al llegar a límite, no hay límite, y corremos aún más rápido, para acabar la carrera, y la meta nunca la encontramos. Entonces, dejamos de querer. Y amamos. Sin fin.”
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